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refugiada en la soledad de tus labios
entre los besos que amordazaste.
Por el cariño dilatado
tatuado en el insomnio de tu cuerpo,
Por la mirada abatida
dibujada en el desierto de tu rostro
entre los gritos de silencio que guardaste.
Por el abrazo apenas imaginado
sonámbulo al ansiar el calor de mis brazos
entre lunas que tus ojos apagaron.
exiliándonos a la penumbra de tu corazón
entre los inviernos nefastos de tu alma.
Por las veces que espere,
y tus pasos enmudecían
entre las fronteras de tus límites.
Por tu cobarde renuncia.
entre tantos otros fragmentados por el tiempo.
la antorcha de tus ojos
revela mis contornos.
Tus manos esculpen en la imaginación
el toque que emerge incandescente
tu mirada me robaría la palabras.
Mis labios silenciosos consentidos
te abren las compuertas de mis deseos
para que prosigas el camino con tu boca.
La fragancia de mi desnudez
te busca inquieta, ansiosa.
El deleite de sentir como nos codiciamos.
Con los sentidos desplegados,
por dos cuerpos que anhelaban disfrutarse.
Tu respiración sobre mis hombros
aviva aun más la avidez de ser poseída.
Entre mis senos tu lengua hecha ambrosía,
degusta escalofríos y delirios.
Sobre mi cuerpo, elixir de malicias
deletreas con la punta de los dedos
el más intimo trazado que rocía
todas las letras que saben de mi placer.
(Némer ibn El Barud)
Mis besos te arden confidencias
Las bocas, ya desnudas, se ofrecen
osadas, indicando los caminos.
Desvistiendo la inquietud
Y el silencio se torna sentidos
Te condeno a recuperar
los deseos postergados,
las caricias contenidas,
los abrazos desenlazados,
el encuentro de las manos ya desatadas.
Quiero más que las ansias
que humedecen las carnes.
No apenas el néctar del placer
que exudan nuestros sexos.
Nos envuelven las mareas,
La lúbrica tibieza de tu fuego,
nos pierde en un mar
que abraza y abrasa mientras el gozo nos invade.
Y así, atrapados en un mismo ser
vemos regresar la maldición del tiempo.
El sol que asoma tras tu montaña,
E ilumina suavemente tus lienzos.
Con ternura me buscas,
me pierdo en tu sonrisa,
juego en tus ojos, que me consumen
y arrebatan.
Permite que venga cariño descansado,
complaciente.
No te olvides de las lunas, los suspiros,
de los alientos garabateados en mi piel,
del encanto que me acopias.
Despierta las letras, los versos.
Y dime que siempre fui tuya.
Que siempre fuiste mío.
Aun antes de conocernos.
Aun antes de sabernos.
Con el alma a prueba de desengaños,
Con una incontinencia verbal que me desborda,
Y con la sabia mirada de quien todo lo ha padecido,
Me siento hoy en mi orilla dispuesta a ahogar
A este pasado ya sin sentido.
Ni venganza, ni maldiciones, ni rencor.
Solo pena causan, todos aquellos que intentaron infligir dolor.
Necios que no supieron dar valor a lo debido.
Y huyen pusilánimes tras otra presa,
Con el mismo canto que susurran suave al oído.
La nada que se aúna a la amargura,
Patética fórmula, autoconvencidos de que sirven,
Que causan el efecto codiciado…sin percibir su desdicha
Y el camino a la desgracia asegurado
En que terminaran arrastrados.
Una nefasta coraza tras la luna más gélida del siglo,
Jurando amores con tal de lograr cruzar el río.
Exclamando moralidad, falsa como él mismo.
También se consumirán en un lacerante vacío.
La incoherencia de la mano del abismo.
Ni tras la montaña ya resta algo de esperanza.
Todo se bifurca y conduce a la misma telaraña.
Esa de la que ya salimos.
Victoriosa por la vida, abriendo puertas al destino,
Sin mirar atrás, y con una sonrisa irónica
Pensando…a cuantas mas les querrán contar lo mismo?
Especie ya sin adjetivo, que cree que sufriendo en prosa,
Y dando lástima por amores mal vividos,
Llegarán más pronto al objetivo…
El de arruinar otro corazón iluso,
Por la envidia que causa saber que el propio
Yace putrefacto en el olvido.